lunes, 1 de enero de 2018

PROTOCOLO HÉTICO


No hablemos del hambre,
estridente reclamo del vacío intransferible,
y qué decir del frío,
excrecencia o punzada en los nudillos,
hasta la médula y la nuca desolladas,
si no escribo de la pesarosa penumbra de zapatos
ni del tacón que falta en la esperanza,
con ropas desflecadas, ya sin marca de fábrica.
Una esmerada educación todo lo salva
y me solidarizo con la anorexia del gourmet,
disiento de la conveniencia del visón con los vaqueros,
y prosigo la eterna discusión sobre el fondo y la forma,
con esta protocolar impertinencia de duquesa arruinada,
que gastó a manos llenas, sin crédito ni avales.

Secretamente conjuro a Jean Genet:
en su honor degüello a un rentista ahorrativo,
descuartizo a los inapetentes comensales de un festín,
y ahorco con hilos de lamé trenzados
a ociosas benefactoras de la alta costura
en insomnios beatíficos después de no cenar.

La noche de las Águedas (inédito), por: Clotilde Tabroni (Seudónimo). Foto: Eugène Atget.

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