martes, 21 de julio de 2015

“Tiempos de hielo”, de Fred Vargas (adelanto editorial)


Por: Javier Coria. Fotos: Ed. Siruela

El próximo 7 de octubre llegará a nuestro país la última novela de la estrella actual de la novela policíaca francesa, Fred Vargas. Tiempos de hielo (Ediciones Siruela). Está traducida por la traductora habitual al castellano de la autora francesa, Anne-Hélène Suárez. Aquí les ofrecemos el primer capítulo de la novela.

Fred Vargas es el seudónimo literario de Frédérique Audoin-Rouzeau (París, 1957), una arqueozoóloga e historiadora medievalista que, desde su primera novela policíaca, Lex Jeux de l’amour et de la mort (1986), y que recibió el Premio Festival de Coñac, luce con luz propia dentro de un género dominado, aunque cada vez menos, por hombres. La famosa serie de “Los tres evangelistas”, que costa de tres títulos hasta el momento, está traducida al castellano y también publicada por Siruela. El personaje de Marc Vandoosler, medievalista como la autora, le apodan “San Marcos”. Lucien Devernois es “San Lucas”, y su especialidad es la Segunda Guerra Mundial. A Mathias Delamarre le llaman “San Matías” y los tres viven en la misma casa, con el tío de Marc, perdón, “San Marcos”, el expolicía Armand Vandoosler. La serie del comisario Adamsberg lleva ya doce títulos publicados, dos novelas gráficas en Astiberri Ediciones: Los cuatro ríos y El vendedor de estropajo. Una en Espasa Calpe: El hombre del revés. Y las restantes en la citada Siruela, aunque algunos de estos títulos, seis, también fueron publicados en el sello Punto de Lectura (Santillana). De la serie del comisario Adamsberg fue la anterior y celebrada novela El ejército furioso. Por cierto, como a su compatriota, el gran Jules Verne, a Vargas le gusta jugar con los nombres y guardar significados en ellos. Adamsberg, en alemán, significa “La montaña de Adán”. El profesor Otto Lidenbrock, del verniano Viaje al centro de la Tierra, en su apellido incluye el significado en inglés de “lid”, de “eye lids”, “párpados”, y “brock”, de “broken”, “roto”. Así tenemos el que “rompe los párpados”, o mejor: “el que abre los ojos”; buen nombre para un maestro que realizará un viaje iniciático, entre otros, con su sobrino Axel, el “aprendiz” en el ritual masónico, y cuyo nombre, a su vez, significa “eje”, de “axial”. Aunque hay otras teorías sobre el origen del nombre: hebreo, escandinavo, danés, etc., la etimología del francés “axial”, o la latina “axis”, “eje” en los dos casos, se ajusta más a lo tratado en la novela. Perdonen la digresión, pero es escribir Verne, y se me va la cabeza por otros andurriales.

Fred Vargas -a la que la doctora en filología francesa Briguitte Leguen ha calificado como: “una arqueóloga del asesinato” (Las damas negras. Novela policiaca escrita por mujeres. Ed. Fundamentos)- es conocida por rebasar los límites del género y mezclar sus tramas policiales con la erudición histórica y arqueológica (como en algunas novelas de Agatha Christie), así que con el rico mundo de las leyendas, la criptozoología, la mitología, el conocimiento de la tradición hermética y la mitocrítica. Por ello no son pocos los que, erróneamente, califican estas novelas como de temática paranormal. Curiosamente los detectives psíquicos como Peter Hurkos, en la vida real, y el personaje del escritor de literatura fantástica, Algernon Blackwood: John Silence, investigador de lo oculto, en diferentes épocas, pusieron de moda en la literatura pulp elementos de la novela gótica y mezclaban, junto al suspense detectivesco, elementos de terror sobrenatural. Aunque como digo, no es el caso, sí que podemos afirmar que la novelística de Fred Vargas está influida por la literatura popular y por la novela gótica. Quizá en ello tenga que ver su padre, el escritor surrealista Philippe Audoin, gran amante del estudio de la llamada Magia Renacentista, inaugurada con el tratado de Cornelius Agripa (1486-1535), De Occulta Philosophia (1533). La alquimia, el esoterismo y la simbología oculta, eran materias de las que habló y escribió el padre de nuestra escritora.


Fred Vargas defiende su privacidad con vehemencia. Raramente da entrevistas, y este es uno de los motivos de querer “esconderse” detrás de un seudónimo. Claro que su celebridad, en Francia y fuera de ella, hizo imposible guardar su verdadero nombre durante mucho tiempo. El apellido Vargas lo adoptó de su hermana gemela, la pintora Joëlle Audoin-Rouzeau, que se hace llamar Jo Vargas. El apellido hace referencia al personaje de la bailarina y actriz española María Vargas, que encarna Ava Gardner en la película “La condesa descalza”, de Josep L. Mankiewicz. El nombre de Fred, que en francés puede ser femenino o masculino, responde a una buscada ambigüedad de la escritora. Claro que es fácil pensar que el seudónimo también tenga el objetivo de separar los diferentes ámbitos de la vida personal y profesional  de la novelista. Sus ensayos y trabajos científicos, como es natural, los firma con su nombre real, pero el seudónimo, como en muchos otros autores, forma parte de la misma ficción literaria. Una cosa que parece preocuparle mucho a Fred Vargas, por ello raramente sitúa sus historias en una actualidad reconocible o concreta. Esto se agradece ante la proliferación de novelas negras que más bien parecen crónicas periodísticas, políticas o de sucesos, sin el necesario distanciamiento y, sobre todo, sin la profundidad psicológica de la que Fred Vargas dota a sus personajes. En esta separación estanca entre la vida personal y la creación novelística de Vargas podemos apuntar algo que algunos le critican. Ella es una mujer comprometida y ha hecho gala de ello en su país con declaraciones muy controvertidas en algunos casos. Ecologista de izquierdas, en sus novelas policiacas no hay denuncia, ni sus personajes tienen que coincidir con la ideología de la autora. De eso se trata, de novelar, de crear mundos e inventar, lo demás es testimonio o reportaje. Y a pesar de mezclar géneros –novela gótica, de enigma.etc.-, en realidad se ajusta al canon de la clásica novela negra –incluso a las narraciones de las epopeyas épicas, con héroes y dragones simbólicos-, y hago hincapié en lo de “clásica”, porque ahora se está rompiendo, y la afirmación de viejo Chesterton de que los relatos policiacos sólo podían ser escritos por hombres, está superada por la actualidad y la gran proliferación de autoras. Pero los investigadores de Fred Vargas siguen siendo hombres, son los principales actores, como en la novela clásica policial. Pero lejos de ser los personajes femeninos meros acompañantes, mujeres fatales, mujeres florero, la malvada en algunos casos, la desvalida prostituta que ama en secreto al policía o al detective privado…, del clásico policial; en Vargas son mujeres inteligentes, profesionales, que dominan materias tecnológicas, son sabias para dar consejos y siempre están en acción, no so pasivas. Pero lo dicho, no son protagonistas. Como en lo político, parece que Fred Vargas quiere mantener sus posiciones claramente feministas alejadas de la ficción novelística. En fin, buena literatura de entretenimiento hecha con talento y, quién quiera y sepa, puede encontrar algo más

Tiempo de hielo, sinopsis:

“Alice Gauthier, una respetable profesora de matemáticas de sesenta y seis años, aparece muerta en su bañera; todo parece apuntar a un suicidio, pero ciertos detalles, como un extraño signo trazado en el lugar del suceso, hacen pensar que quizá haya algo más detrás de su muerte, por lo que el caso es derivado al equipo de la Brigada Criminal del comisario Adamsberg. Al poco, una mujer dice haber enviado una carta que la muerta había escrito a un tal Amadée Masfauré…, cuyo padre se había suicidado dejando un signo similar. Las sospechas se confirman al comprobar que ambas muertes tenían algo más en común: las dos víctimas forman parte de una trágica expedición a una remota e inexplicable isla de Islandia, diez años antes…”


En fin, un club de extraños amigos de Robespierre, mitos nórdicos, rencores familiares… Ahora me fijo, sin haberlo buscado, que mi divagación sobre Viaje al centro de la Tierra tiene más sentido que el explicado para hablar del juego de palabras, ya que en la novela de Vargas se habla de “una trágica expedición a una isla de Islandia”. A Islandia se dirigieron los personajes de Verne para encontrar el volcán, de nombre impronunciable: Snæfellsjökull, por donde se introdujeron en un ignoto mundo intraterreno. Después está el símbolo que deben descifrar, como el mensaje en caracteres rúnicos del comienzo de la novela de Jules Verne… En fin, me lo pensaré siete veces, ni una más ni una menos, como repite un personaje de la novela en el primer capítulo.

Publicado en la revista Rambla

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